Artículo del coreógrafo Guillermo Weikert para la revista OJO a partir de una entrevista sobre mi trabajo.

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PENSAR BIEN: ALEX PEÑA // GUILLERMO WEICKERT (ESPAÑA)

Hace años, la dramaturga y directora de escena sevillana Pepa Gamboa ilustraba medio en broma su idea de resistencia artística contando la historia de una vecina de su pueblo que pintaba de “verde pichichi” cada una de las bombonas de gas que la empresa local le suministraba porque detestaba el color naranja que le rompía la armonía de colores de su cocina. A pesar de las continuas amonestaciones y multas que recibía , durante años Pepa y el resto de los niños del pueblo perseguían con la mirada al camión del butano en el que podían distinguir esa bombona verde que era a la vez un canto a la individualidad y aliento a la rebeldía.

Por su parte, Bill Viola propone una definición de artista contemporáneo no ya como la de aquel que domina una técnica artística sino como alguien que piensa bien y ésta es quizás la que mejor encaja a Alex Peña: Pensar bien y pasarlo bien con su trabajo como creador y performer, que desarrolla en paralelo a su carrera de actor precisamente para “no tener que hacer teatro”. Eso y el planteamiento de la gestión y la producción de su obra como parte del acto creativo, la resignificación y el cuestionamiento de conceptos asumidos y arraigados y el de la misma identidad y estatus de artista.

“Producir un discurso artístico multidisciplinar e interdisciplinar donde confluyan los distintos lenguajes de la creación artística con objetos y acciones incitadas por su título a la generación de obras de arte” era uno de los primordiales objetivos del colectivo VulgarisARTE del que Alex formó parte a principios del 2000. También otros, como acercar el arte a la mayor cantidad posible de gente y hacerlo en un entorno cultural colectivo, libre y festivo, analizar y discutir la inaccesibilidad del arte tanto por los espacios en que se dispone como por el elitismo que les rodea así como la utilización de soportes vulgares que abaraten los costes de producción, parecen seguir siendo constantes en la obra de Peña.

Desde su primera acción “Pisando huevos ya pisados” a las intervenciones en las distintas ediciones del VulgarisARTE, Alex y sus compañeros del colectivo proponían performances en las que conectaban aspectos de la cultura popular con otros del mundo del arte contemporáneo de las que resultaban acciones artísticas peligrosamente parecidas a gamberradas adolescentes. Sin embargo la claridad y lucidez conceptual, el uso de la finísima ironía, el sentido del humor y el reconocimiento de los elementos y referentes más cotidianos hizo que éstas funcionaran como un aldabonazo en la atención de la sociedad sevillana. Se generó una gran expectativa e interés por las propuestas de este grupo a cuyas convocatorias acudía numeroso público con los más diversos perfiles y motivaciones.

“El artista moderno ha llegado a su barrio”, acción que pretendía crear una ficción sobre el mercado del arte y en la que recorrían con una furgoneta desde los barrios más populares hasta los alrededores del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo anunciando por megafonía los servicios a domicilio de un artista contemporáneo (land-art para chalets, performances para bodas bautizos o comuniones, etc), repartiendo y pegando carteles con las tarifas, “Los mejores momentos de tu vida versión Karaoke” creada con Manuel Prado Sánchez o “Recital para toro mecánico” son algunas de las performances más memorables de esta época.

El soporte y el formato de cada una de sus obras varía según las necesidades que las generan. Por eso se mueve entre la performance, la instalación o la poesía visual con una tendencia a desaparecer y diluirse como artista en el anonimato para favorecer que sea la propia obra la que establezca un diálogo directo con un público que en muchas ocasiones lo es por accidente o por casualidad. Como aquel que paseando por La Alameda de Hércules en Sevilla encuentra uno de esos carteles fotocopiados con la parte de abajo dividida en tirillas con un número de teléfono pero de dimensiones desproporcionadas y en el que se ofrecen “Clases de Gigantismo”. O el oyente accidental del “Manifiesto antibelicista” que cualquiera podía leer desde el portero automático de su casa convirtiéndose en performer de la acción y que después evolucionó como “Bambera para Telefonillos” concierto flamenco para porterillo automático.

Desaparición ésta del artista especialmente compleja en el caso de Álex ,no sólo por su contundente físico (cuerpo grandote, melena rizada, grandes rasgos y amplia sonrisa) sino porque Peña trabaja como pocos artistas desde el anclaje más sólido en el presente y en la cotidianidad, conectado en todo momento con la persona que es. Por eso su presencia es rotunda, asertiva y su mirada, su forma de hacer y su interlocución al público pulverizan y niegan los límites entre la vida y el escenario; no altera ni manipula el tiempo ni el espacio de la representación: hace y deshace, evidenciando que no hay ni tiene por qué haber nada ritual ni chamánico en el artista ni en el acto artístico.

Alex maneja con facilidad el humor y comienza por su imagen y su cuerpo consiguiendo desprejuiciar y aligerar de trascendencia al hecho de estar expuesto delante de un público, no recurre al parapeto de una técnica (como acaso nos ocurre a menudo a bailarines y actores) ni fuerza la proyección de una imagen determinada. Un cuerpo presente, no entrenado, disponible, conectado y no estandarizado que se nos presenta capaz de acometer cualquier empresa desde la dificultad y el esfuerzo que la acción presente.

Por eso asistir a trabajos de Alex en los que ya no está presente de modo inmediato produce la extraña sensación de fantasmagoría, de seguir sintiendo su presencia a pesar de estar ausente, de adivinarlo en el trabajo físico de preparación, instalación, recogida y carga de los materiales, en la socarronería y el delirante ingenio de la idea…También hay desaparición del artista en el esfuerzo de no limitarse a generar su obra y tender a la articulación de conceptos más amplios que necesitan y permiten la unión de distintos creadores para cobrar sentido.

La lista de sus trabajos es larga pero son comunes temas como la soledad y la denuncia de la injusticia y la desigualdad y sobre todo está siempre presente un gusto por la apropiación de referentes populares y vulgares que permiten esa sensación de cercanía y de accesibilidad, de “tan fácil que hasta yo podría hacerlo”. Cabría destacar aquí “Intervenciones en jueves”, creado junto a Celia Macías y que a lo largo de cinco ediciones logró reunir a un nutrido número de artistas en un proceso de visibilización, reflexión, denuncia y puesta en valor de la identidad del mercadillo de quincalla más antiguo de Sevilla. Se buscaba la superación de su consideración de marginal con ejes temáticos y obras conectadas con sus protagonistas y su realidad más próxima (porque una de las grandes virtudes de Peña es la de no ser un turista en ninguno de los contextos en los que opera). Pero sobre todo, en estos tiempos en los que parece tan necesario “no ser pensado por la economía” y el recordarnos constantemente que el origen de cualquier proyecto debería ser una necesidad y no un presupuesto o una financiación, Alex proyecta la imagen del artista como alguien cercano y auténtico que a través de su obra es capaz de proponer nuevas miradas que invitan a pensar y replantear la realidad, a tomar conciencia y a realizar transformaciones positivas sin caer en ningún momento en el pedantismo ni en el adoctrinamiento, la imagen del artista como “alguien en quien creer y a quien querer”.

Y ésa es quizás uno de los mayores y más preciado valores artísticos: el ser capaz de transmitir una visión del arte y de la cultura como experiencia colectiva de la que todos formamos parte y que se nutre y retroalimenta de la propia cotidianidad, de sus acontecimientos, de sus objetos y de su gente y también a ellos van destinados en un proceso de diálogo que puede y debe ayudar a construir un futuro más participativo, inclusivo y habitable.

Pregunta al lector:

¿Cuáles son las implicaciones para la obra y para el artista que se derivan de la decisión de incorporarse o no a los canales habituales de producción, creación y distribución del arte ?

Lecturas sugeridas:

#Viola, Bill, Las Horas Invisibles. Dirección del Catálogo : José Lebrero Stals. Producción editorial Turner. Impresión. Artes g´radicas Palermo, S.L. Edita Junta de Andalucía, Consejería de Cultura.

# Nesbett, Bancroft, Andress (Ed.) Cartas a un joven artista, Ediciones el Ciprés, 2010.